El Sueño de la Razón Produce Cómics

Amplio podría ser el debate sobre el origen del  cómic. Hay quienes dicen que su origen está en los jeroglíficos egipcios o incluso en las cuevas de Altamira. En el Renacimiento se habla de que fue Sandro Botticelli con sus ilustraciones para “La Divina Comedia” de Dante. Los estadounidenses, líderes en ventas de la industria, datan el nacimiento del cómic en 1896, cuando Richard Felton Outcoult utiliza el bocadillo en una secuencia de viñetas. Sin embargo Francisco de Goya ya había narrado con sus ilustraciones de manera secuencial “La Historia del Bandido Maragato y Fray Pedro de Zaldivia” en 1806. El genio maño, como buen ilustrador, vio la necesidad de hacer más accesible su producción y recurrió al grabado. Series como “Los Caprichos”, “Los Desastres de la Guerra” o “Los Disparates” son grabados en los que el maestro nos narra,  con sus potentes dibujos acompañados de breves textos irónicos, su particular visión sobre la sociedad y sus males como un historietista del siglo XIX. A lo largo de toda la historia del cómic nos encontramos con grandes talentos de origen hispano que han defendido su propio estilo, pues sin duda, en un mercado como el nuestro, versátil como ninguno, tienen cabida todo tipo de técnicas y estilos.

Francisco de Goya y Lucientes. Fray Pedro de Zaldivia y el bandido Maragato (1807)
The Art Institute of Chicago. Mr. and Mrs. Martin A. Ryerson Collection

 

Si algo goza de muy buena salud en el cómic hispano es el talento. Viene siendo muy habitual la firma de buenos y grandes dibujantes españoles en distintos mercados de economía mucho más boyante. Las fábricas de súper-héroes como Marvel y DC son las más grandes; el trabajo gráfico se elabora a tres manos: dibujante, entintador y colorista, siguiendo las instrucciones de estilo de la editorial. El mercado franco-belga siempre ha gozado de muy buena salud si lo comparamos con el nacional pero por fortuna, en nuestra piel de toro el abanico de posibilidades creativas es más amplio. Dotado cada dibujante de su propio estilo y abiertos a todo tipo de géneros podemos decir que la libertad para crear es absoluta. Desde el clásico cómic de dibujo a tinta en formato francés, como se refleja en el trabajo de nuestro célebre y ‘“romántico’” Carlos Giménez, a pasteles y acuarelas como bien ha desarrollado Miguelanxo Prado, pasando por una mezcla de todo tipo de técnicas tal cual hizo Fernando Fernández en su “Drácula” (se dice que incluso llegó a dibujar la sangre con ketchup de tomate), hasta la técnica de la decalcomanía inventada por Oscar Domínguez y adoptada por Alberto Breccia para “Los Mitos de Ctulhu” en viñetas impregnadas de sucias sombras, imágenes indefinidas, tramas, aguadas, todo vale para conseguir las visiones que él imagina. Las posibilidades de nuestro mercado son tan amplias que incluso ha visto nacer autores con boli Bic en mano desde la celda de su hospital psiquiátrico, como nos presenta Norma Editorial en “Las Dos Vidas de Andrés Rabadán”, más conocido como el asesino de la ballesta, quien ha encontrado por la vía de las viñetas el mejor medio para narrarnos su tormentosa enfermedad mental.

En cuanto a estilos argumentales clasificamos con orgullo al cómic nacional como el más social. Temas tan delicados como el cáncer de mama, contado en primera persona por Isabel Franc en “Alicia en un Mundo Real”, o “Una Posibilidad entre Mil” en el que sus autores, padres de una pequeña con parálisis cerebral, se agarran a una ínfima posibilidad para salvar la vida de su hija. Estos historietistas de la circunstancia,  comparten sus experiencias a través del cómic, aportando sus vivencias a la sociedad.

Si razonamos y analizamos la historia de la historieta en España, la línea de producción y su calidad son ascendentes, pero los números del mercado distan mucho de una buena salud económica. Los autores bastante tienen con crear tan magníficas obras, pero son las editoriales las que sostienen la sartén por el mango. Son ellas las que producen y por lo tanto es su deber dotar a la industria de una mejor distribución. Muchas de las novedades del mercado son distribuidas por empresas del sector con unos radios de acción muy limitados. Por poner un ejemplo, si estamos en cualquier kiosco de prensa y libros, el número de cómics que podemos encontrar es muy limitado, en ocasiones incluso nulo. Puntos de venta de este tipo en hospitales infantiles sólo ofrecen al lector títulos de “Mortadelo y Filemón”, sin duda divertido como pocos nuestro Ibáñez, pero no el único autor que destina su obra al público infantil, cuando sabemos que en estos lugares las horas de lectura de los pacientes deberían ser lo más amenas posibles.

Yo, ‘comiquera’ empedernida, sueño con una mejor distribución del Noveno Arte para un público cada vez más emergente. En parte gracias a la buena labor de muchos divulgadores del sector vía Internet, prensa, radio, etcétera, día a día progresa esta industria.

Rosanna Walls

(Artículo publicado en la revista internacional ARTNOTES)

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¡Un sólo comentario! a “El Sueño de la Razón Produce Cómics”

  1. Diego Llorente dice:

    Gracias Rosanna, fantástica tu labor divulgadora del cómic en nuestro país… No sabía de lo de Goya, todo un hallazgo! Un saludo guapísima! ;-)

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